La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) tiene la tarea de garantizar la seguridad de los estadounidenses mediante la regulación de la venta de alimentos y medicamentos. Entre otras cosas, la FDA regula el etiquetado de numerosos productos. Un etiquetado adecuado es fundamental para proteger la salud de los consumidores. Además, las etiquetas de un producto cosmético permiten al consumidor promedio tomar decisiones informadas sobre su salud y comprender las consecuencias de su compra.
Quizás se pregunte qué es el etiquetado. La FDA lo define como «todas las etiquetas y demás material escrito, impreso o gráfico que aparece en un producto o lo acompaña». Ley FD&C, sec. 201(m); 21 USC 321(m). Esto significa que todo lo que se coloca en el producto se considera una etiqueta para fines de regulación de la FDA.
Más importante aún, la FDA exige que el etiquetado de un producto sea veraz. Cualquier producto que anuncie información falsa o engañosa, o que no proporcione la información necesaria para que el consumidor promedio tome una decisión informada sobre su compra, puede considerarse etiquetado fraudulento según la FDA. Además, la presentación incorrecta de la información requerida o el incumplimiento de los requisitos de la Ley de Envases para la Prevención de Envenenamientos de 1970 también constituyen motivo de etiquetado fraudulento. Asimismo, la FDA ha dejado claro que «es ilegal introducir un cosmético etiquetado fraudulentamente en el comercio interestatal, y dichos productos están sujetos a medidas regulatorias».
Sin embargo, la FDA no aprueba previamente el etiquetado de productos cosméticos. Por lo tanto, es responsabilidad exclusiva del fabricante o distribuidor etiquetar sus productos adecuadamente. Por otro lado, un fabricante o distribuidor que no cumpla con estas regulaciones expone su producto a etiquetado incorrecto.