(1) Establecer una relación.
El primer paso en un contrato de diseño es no mostrar el trabajo que realizará. Primero debe ganarse la confianza de la persona que potencialmente lo contratará y demostrar en esos primeros minutos que desea hacer negocios y que sabe cómo hacerlo. Hágale saber a la otra persona que usted es el especialista, para que confíe plenamente en usted y le contrate para el proyecto y obtenga el contrato.
La mayoría de los clientes, en esas primeras reuniones, buscan saber qué piensas como diseñador para luego acudir a otro de mayor confianza y realizar un trabajo similar al que les presentaste. Muchas veces, terminan haciendo un trabajo deficiente. Por eso, ganarse la confianza de los clientes es crucial desde el principio, para que, en lugar de pensar que elegirán a alguien que les ofrezca la idea más barata, se convenzan de que tu servicio vale lo que cueste y de que eres quien resolverá sus problemas, y ellos quieren hacerlo.
(2) Enfrentar el diseño.
Cada negociación es diferente; por lo tanto, una presentación prefabricada no funciona para todos. No repitas la misma presentación que tienes en tu portafolio; dale la vuelta a esa idea y convierte tu presentación en una que no se centre en ti, sino en ellos. Primero, estudia a tu cliente con un único propósito: comprender su diseño para poder confrontarlo.
Demuéstrales que tu única intención es probar el diseño que representa su empresa. No porque quieras decirles que no funciona, sino porque quieres demostrar tu capacidad para comunicar visualmente sus esfuerzos (y los de otros), y que esta experiencia adquiere una importancia que vale la pena. Muestra tus métodos y habla de las tendencias que utilizas, que pueden aplicarse internacionalmente y generar resultados positivos, más allá de los resultados de las empresas.
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