La función Corte Suprema de los Estados Unidos (SCOTUS) Ha establecido una nueva prueba para determinar cuándo los funcionarios públicos pueden bloquear a personas en redes sociales. Esta decisión surgió de dos casos, uno en California y otro en Michigan, donde ciudadanos demandaron amparándose en la Primera Enmienda tras ser bloqueados en redes sociales por funcionarios locales.
En el primer caso, Lindke contra Freed, un administrador municipal de Port Huron, Michigan, llamado Freed, fue demandado por un residente, Lindke. Lindke había publicado comentarios críticos en la página de Facebook de Freed sobre la gestión municipal de la pandemia de COVID-19. Freed, quien había convertido su perfil privado de Facebook en una página tras convertirse en administrador municipal, se identificó como una "figura pública" y publicó información de contacto relacionada con la ciudad en su página. Tras varios intercambios, Freed eliminó los comentarios de Lindke y bloqueó sus perfiles. Lindke presentó una demanda, alegando que se habían violado sus derechos amparados por la Primera Enmienda.
El segundo caso, O'Connor-Ratcliff contra Garnier, involucró a la vicepresidenta de la Junta de Educación del Distrito Escolar Unificado de Poway en California, O'Connor-Ratcliff, y a otro miembro de la junta, Zane. Los Garnier, residentes del condado de San Diego, publicaban con frecuencia comentarios repetitivos e incongruentes en las cuentas de redes sociales de los miembros de la junta. En respuesta, O'Connor-Ratcliff y Zane bloquearon a los Garnier, lo que los llevó a demandarlos. Los Garnier argumentaron que los miembros de la junta violaron sus derechos amparados por la Primera Enmienda al bloquearlos en redes sociales, que, según ellos, eran foros públicos.
La cuestión central en ambos casos fue si se protege el derecho a la libertad de expresión de los ciudadanos en redes sociales al interactuar con las cuentas de funcionarios públicos, y si estos pueden silenciar o eliminar los comentarios de estas interacciones. La decisión de la Corte Suprema se centró en determinar cuándo la actividad de un funcionario público en redes sociales constituye una acción estatal.
El Tribunal estableció que se considera que los funcionarios públicos realizan una acción gubernamental oficial en línea si (1) tienen autoridad efectiva para hablar en nombre del Estado sobre un asunto específico y (2) supuestamente ejercen dicha autoridad en las publicaciones pertinentes. Esta nueva norma implica que la actividad de un funcionario en redes sociales se considera una acción estatal solo si tenía autoridad efectiva para hablar en nombre del gobierno y supuestamente ejercía dicha autoridad al publicar en redes sociales.
Según esta prueba, si la actividad de un funcionario en redes sociales cumple con estos criterios, los usuarios de redes sociales pueden demandar a los funcionarios públicos por bloquearlos. El fallo de la Corte tiene implicaciones significativas para el equilibrio entre la libertad de expresión y el control de los funcionarios públicos sobre sus interacciones en redes sociales. Ambos casos han sido devueltos a tribunales inferiores para determinar si se violaron los derechos de libertad de expresión de los ciudadanos según la nueva prueba de la Corte Suprema.
Esta decisión subraya la importancia del derecho de los ciudadanos a participar en el diálogo público con funcionarios en redes sociales sin ser silenciados por sus críticas. Para los funcionarios públicos, destaca la necesidad de distinguir claramente entre sus funciones privadas y públicas en línea. El fallo busca aclarar el tema, garantizando que, si bien los funcionarios pueden gestionar su presencia en redes sociales, no pueden vulnerar los derechos constitucionales de los ciudadanos.
Esta nueva prueba de la Corte Suprema para las interacciones en redes sociales entre funcionarios públicos y ciudadanos marca un avance fundamental en la jurisprudencia de la Primera Enmienda. Aborda el panorama cambiante de la comunicación digital, donde las redes sociales sirven como una plataforma crucial para el discurso público. Por lo tanto, tanto los ciudadanos como los funcionarios deben gestionar estas interacciones con un conocimiento profundo de sus derechos y responsabilidades. Los ciudadanos deben ser conscientes de su derecho a participar en debates públicos sin temor a una censura indebida, mientras que los funcionarios deben ser cautelosos sobre cuándo y cómo ejercen su autoridad en línea. El fallo busca lograr un equilibrio, protegiendo la libertad de expresión y permitiendo a los funcionarios mantener el orden y la civilidad en sus plataformas de redes sociales.